Brayan Rayo Garzon se encontraba angustiado. Detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), pasó su cuarto día de aislamiento en una cárcel de Missouri. Luchaba contra la fiebre y los escalofríos del COVID-19. Su solicitud de tratamiento de salud mental fue pospuesta y le impidieron llamar a su madre para evitar la propagación de la enfermedad. Desesperado, les rogó a los guardias que le permitieran comunicarse con ella. ‘Siento en mi corazón que ella está muy preocupada por mí’, escribió él en una nota.
Menos de una hora después, según los registros, lo encontraron inconsciente. Una autopsia determinó que se había suicidado. Esta fue la primera muerte en un aumento alarmante de suicidios entre detenidos del ICE, lo que ha preocupado a expertos y autoridades de salud pública. Desde que Donald Trump asumió el cargo en enero de 2025, al menos diez hombres detenidos se han suicidado. Esta cifra se compara desfavorablemente con el crecimiento de la población detenida, de acuerdo con datos del ICE y otros registros. Desde octubre, en siete casos las muertes se han clasificado como suicidios, superando las estadísticas anuales previas de la agencia.
El Dr. Sanjay Basu, epidemiólogo de la Universidad de California en San Francisco, ha documentado el aumento de muertes y suicidios entre detenidos del ICE. ‘Algo está saliendo profundamente mal desde cualquier perspectiva de salud pública o de salud mental’, afirmó. La mayoría de las víctimas recientes eran hombres hispanos, con un promedio de 32 años. Aunque Trump ha tildado a los listos para deportación como lo peor, siete de los diez no tenían antecedentes de delitos violentos en los EE. UU.
El ICE clasifica las muertes por suicidio como ‘extremadamente raras’, según Lauren Bis, portavoz del Departamento de Seguridad Nacional. Pero expertos aseguran que los centros de detención bien administrados deberían tener pocos suicidios. La falta de atención médica oportuna es citada como causa de estas muertes evitables. La agencia ha violado sus propios estándares, permitiendo que los detenidos tengan acceso a materiales dañinos y descuidando señales de angustia mental.
El presidente colombiano Gustavo Petro ha instado a su cancillería a protestar formalmente por la muerte de Rayo. ‘Existen violaciones a los estándares de detención del ICE’, afirmó. Expertos subrayan la necesidad de una administración adecuada y protocolos estrictos para supervisar a individuos en riesgo, pero han encontrado fallas críticas.
Examinaciones revelan que la red de detención del ICE contiene lagunas en el tratamiento. Muchos suicidios ocurrieron en centros administrados por contratistas privados o cárceles de condados que colaboran con el ICE, donde las señales de angustia fueron ignoradas y el tratamiento fue retrasado.
En el caso de Rayo, su calvario empeoró debido a su ansiedad por condiciones de aislamiento y falta de comunicación con su madre. Aislamiento, impunidad y políticas restrictivas de comunicación agravan condiciones ya muy difíciles para los detenidos.
El número creciente de suicidios refleja fallas del sistema tanto en la detección como en la gestión de riesgos, lo que subraya la importancia de la mejora en procesos iniciales de evaluación y tratamiento rápido para aquellos que muestren señales de alerta.

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